Artículos‎ > ‎

Postura de víctima

ROL DE VÍCTIMA

La “postura de víctima” es una postura mental en la que la persona está teniendo un modo subjetivo de interpretar los sucesos insatisfactorios de su vida de modo tal que  siempre ella termina siendo la damnificada, y siempre los demás terminan siendo los culpables que le han hecho algún daño.

La persona que asume, en el guión de su vida, el rol de víctima, suele relatar las cosas que le ocurren como ajenas a ella, como consecuencia de las circunstancias o del accionar de otros, nunca de su propio accionar.

Los demás tienen el 100% de culpa por lo que a ella le pasa. No alcanza a ver que en toda interacción, en la cual está o estuvo inmersa, ella también accionó y reaccionó de alguna manera para que los sucesos se derivaran penosamente, ya que formó parte de dicha interacción. Por lo tanto, como interpreta que la culpa es totalmente del otro, ella solamente padece las consecuencias del accionar de éste.

Cuando compadecemos a la “víctima” diciéndole “pobrecita”, “qué mal que te tratan”, “no te mereces esto”, etc.,  no la ayudamos. Sólo logramos que se instale más en dicha postura de resignación e indefensión.

La persona que ha adoptado el rol de víctima, se ha transformado en un espectador de su propia vida en vez de ser protagonista.  Pero, si permanece en esta postura es porque, aunque tenga sus costos, tiene, también, sus “beneficios”.

 

“VENTAJAS” Y DESVENTAJAS DE LA POSTURA DE VÍCTIMA

 

El primer beneficio es que ella es inocente, no tiene nada que ver con lo malo que le pasa en la vida. El otro es el que tiene la culpa, o la tienen las circunstancias que le tocaron vivir.

Un segundo beneficio es que ella no tiene ninguna responsabilidad por lo que le pasa. El otro es el responsable.

Un tercer beneficio es que ella no tiene nada que modificar de su persona, ya que hace o hizo todas las cosas bien. El otro es el que tiene que cambiar.

Un cuarto beneficio es que, desde esta postura, ella salva su imagen ante sí misma y ante los demás. El otro es el malo de la película.

Pero el precio de conseguir dicha inocencia, es la impotencia: ella no puede hacer nada para modificar las cosas. Los demás son los dueños de su vida, los responsables de todas sus desgracias, y ella pasivamente las padece.

Esta visión subjetiva, en la que no se ve a sí misma dentro de su propia vida, hace que pierda el poder de acción para cambiar el rumbo de la misma. Cedo mi poder al otro, o a las circunstancias del momento.

Si tenemos un problema y no nos consideramos parte del mismo, no podremos encontrar la solución, ya que no podremos ver nuestros propios errores para modificarlos.

Si podemos ver que somos la otra parte del problema (ya que estamos inmersos en nuestros vínculos con los demás) podremos ser parte de la solución. Esta visión, que contempla a ambas partes de la interacción en juego, nos permite ver nuestros propios errores (no sólo los del otro) y aprender de los mismos para que, la próxima vez, podamos actuar de una manera diferente que nos acerque a los resultados deseados. El error nos abre las puertas del aprendizaje.

Si nos sentimos víctimas de las circunstancias, sentimos que no tenemos ninguna relación con los resultados que estamos viviendo. Esto no nos permite modificar ni nuestra persona ni nuestras circunstancias. Lo cual nos instala en una posición de impotencia.

 

POSTURA DE VÍCTIMA versus POSTURA DE RESPONSABILIDAD

 

Lo contrario de la “postura de víctima” es la “postura de responsabilidad”.

Para obtener los resultados que deseamos necesitamos pasar de una postura mental a la otra.

Al asumir la postura de responsabilidad, podremos liderar nuestra vida, gestionar nuestros asuntos, recuperar nuestro poder de acción, ver a los problemas como oportunidades para el cambio, generar nuevas posibilidades en nuestra vida.

Hacernos cargo de nuestros errores es salirnos de la postura de víctima para entrar en la postura de responsabilidad, lo que nos permite adueñarnos de nuestro destino.

Cuando nuestra postura mental es la de la víctima tenemos una posición reactiva: nos conformamos con lo que le toca vivir y reaccionamos ante ello o nos quedamos paralizados. Sentimos que no podemos hacer nada para modificar las cosas, que ya están dadas así. Cedemos nuestro poder al otro. Cuando no elegimos, el otro lo hace por nosotros.

En cambio, cuando adoptamos una postura de responsabilidad asumimos una posición proactiva: accionamos para conseguir los resultados que buscamos.

Si adoptamos la postura de víctima nos quedamos esperando y deseando que las cosas cambien por sí solas con el tiempo. Decimos: “Me gustaría que...., Deseo que...”.

Si asumimos una postura de responsabilidad, generamos las situaciones que nos conducen hacia los resultados deseados. Decimos: “Yo genero, creo, acciono.”

Cuando estamos en víctimas, no intentamos generar cosas nuevas, nos quedamos con lo que nos es conocido o familiar, tememos al riesgo, al rechazo, al fracaso y nos quedamos en nuestra “zona de comodidad”.

Cuando estamos en la postura de responsabilidad, nos atrevemos a enfrentar desafíos, confiamos en nuestros recursos y transitamos la “zona de creación y expansión”.

Cuando estamos en víctimas, nos instalamos en la queja. Cuando estamos en la postura de responsabilidad, accionamos para lograr el cambio que deseamos.

Cuando estamos en la postura de víctima interpretamos que es el otro el que nos hizo todo el daño, y no podemos ver la parte que nos toca. Cuando adoptamos la postura de responsabilidad, nos fijamos  en las decisiones que hemos tomado (y las que hemos dejado de tomar) en nuestra vida, asumimos que cometemos errores (como todo ser humano) y tratamos, cuando nos es posible, de reparar el daño que pudimos haber ocasionado a otros, a nosotros mismos, o a nuestros vínculos.

Como víctimas, tenemos razones y explicaciones de por qué las cosas nos salieron de forma indeseada. Como personas responsables, tenemos resultados.

En la postura de víctima, nos excluimos de nuestro discurso. En la postura de responsabilidad, nos incluimos dentro del mismo.

Cuando nos sentimos víctimas, nos anclamos en el resentimiento y el dolor. Cuando nos sentimos responsables, nos anclamos en la ambición y la paz.

Como víctimas, vivimos dentro de un cuerpo tenso y rígido. Como personas responsables, vivimos dentro de un cuerpo flexible y abierto al cambio.

Cuando estamos en víctimas, los demás eligen por nosotros y vivimos las elecciones, los proyectos y los sueños de los demás. Cuando nos hacemos responsables, elegimos lo que nosotros queremos y hacemos realidad nuestros propios sueños.

En la postura de víctima, nos excluimos de nuestra propia vida. En la postura de responsabilidad, nos incluimos dentro de la misma.

No podemos saber qué circunstancias nos tocará vivir en la vida. Pero sí podemos elegir como reaccionar ante las mismas: como víctimas o como personas responsables. La postura que elijamos está en nuestras manos.

Pasando de la “Postura de Víctima” A LA “Postura de Responsabilidad”.

1)    Pase de una posición reactiva a una proactiva.

2)    Pase de la “zona de comodidad” a la “zona de creación y expansión”.

3)    Deje de culpar a los demás y recupere su “poder personal”.

4)    No viva sólo en el pensamiento: pase a la acción: sólo la acción trae resultados.

5)    Deje de ser espectador de su propia vida: sea protagonista.

6)    Hágase cargo de su propia vida: confíe en sus recursos.

7)    Reinterprete a los problemas como oportunidades para el cambio.

8)    No se conforme con vivir lo que le toca: diseñe su futuro y haga realidad sus sueños.  

Lic. Viviana Blas. Psicóloga UBA

Comments