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Nuestro Laberinto Mental

Nuestro laberinto mental

Los esquemas de pensamiento de toda persona, son producto de lo que le ha ido enseñando la vida, a través de sus padres, sus maestros, la cultura, lo social, sus experiencias personales, etc., y también aportan lo suyo la herencia genética y, en un segundo tiempo, los sucesos desencadenantes. Todo ello va conformando una psíquis estructurada en base a esquemas de pensamiento relativamente estables en estado normal.

A cada pensamiento le corresponde una carga afectiva determinada: a un pensamiento positivo le corresponde un sentimiento positivo, y a un pensamiento negativo le corresponde un sentimiento negativo (esto dicho teniendo en cuenta que lo que es positivo para una persona determinada puede no serlo para otra, y lo mismo ocurre con lo negativo).

Ahora bien, ocurre muchas veces que, un estímulo determinado (una situación, un objeto, etc.) puede activar en nosotros una serie de pensamientos disfuncionales que estaban inactivos. Una vez que dichos pensamientos disfuncionales se activan, nuestro pensamiento normal se ve alterado y de ello deriva que nuestro estado anímico también se vea alterado, entrando así en un estado determinado que puede ser depresivo, o ansioso, o de miedo, o de cólera, etc. Por ej:, si entramos en un estado depresivo, nuestro autoconcepto estará desvalorizado, así como también veremos en forma negativa a nuestro futuro y a nuestras experiencias presentes y pasadas. Veremos todo, en su conjunto, con lentes negros. En realidad, no deberíamos creer en toda esa maraña de pensamientos oscuros, ya que, al creerles, producimos nosotros mismos una alteración de nuestro estado de ánimo.

Lo mismo vale para un estado de miedo irracional, en el cual nuestro pensamiento anticipatorio acerca de un determinado estímulo-situación-objeto es un pensamiento catastrófico según el cual nos va a suceder lo peor y, por eso, tomamos como defensa la evitación de dicho estímulo acrecentando así, paradójicamente, nuestro miedo irracional hacia el mismo.

Es díficil, cuando ya hemos caído en un estado de esta índole, convencernos de que las cosas no son tan extremas como las estamos pensando. Pero, una vez que hemos salido de dichos estados, y hemos recobrado nuestro estado anímico habitual y nuestros pensamientos habituales (entre los cuales también hay pensamientos disfuncionales aunque no tan extremos), deberíamos poner manos a la obra para no tener recaídas una y otra vez. Para ello, es necesario investigar por qué se ha caído en ellos. Tomar nota de ¿cuál fue la experiencia-estímulo que me produjo esta alteración anímica? (y, a veces, física también), ¿cuáles fueron los pensamientos que tuve durante dicha experiencia?

Este proceso de detección de los pensamientos nos ayuda a ir manejándolos nosotros a ellos, y no al revés.

Pero, esto es solo un primer paso. Para realizar modificaciones verdaderamente profundas, es necesario hacer ciertos procesos de cambio con la ayuda de un terapeuta. Más aún, si tenemos en cuenta que dichos pensamientos disfuncionales están, a su vez, sustentados por esquemas de pensamiento subyacentes que no podemos inferir solos por nuestra propia cuenta.

Por eso, una terapia eficaz apunta a descubrir a dichos pensamientos disfuncionales, concientizarlos, poner a prueba la validez de los mismos, suprimirlos y reemplazarlos por pensamientos alternativos más adaptativos, los cuales se reflejarán en conductas más adaptativas. También apunta a la modificación más profunda de los esquemas subyacentes que sustentan a los mismos.

En dicho proceso terapéutico, al modificar nuestro sistema de creencias, veremos que,  muchas veces, no nos “suceden” las cosas desagradables sino que nosotros las hacemos suceder, provocando con nuestra actitud (la cual está precedida por nuestros pensamientos) determinadas situaciones que nos hacen sufrir.

Nuestro “mapa mental del mundo” no es el mundo. Por lo tanto, si en nuestro “mapa mental” reina el miedo, el dolor, la inseguridad, la desconfianza, la dependencia emocional, el control obsesivo, los estados depresivos, un narcisismo desmedido que nos trae problemas de relación, o cualquier otra problemática que derive de una valoración distorsionada acerca de nuestro mundo real (incluida nuestra propia persona), ésta podrá ser modificada a través de un proceso terapéutico adecuado, ya que se trata sólo de una representación subjetiva del universo la cual, una vez que se ha logrado cambiar favorablemente, entonces sí, podrá verse reflejada en nuestro mundo real o externo.

 LIC. VIVIANA N. BLAS. PSICÓLOGA UBA.

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