Artículos‎ > ‎

Indecisión

INDECISIÓN

A muchas personas les ocurre que, cada vez que necesitan tomar una decisión, ya sea de gran o pequeña envergadura, pasan por un período de duda que les produce un gran sufrimiento psicológico. Se preguntan una y mil veces: ¿lo hago o no lo hago?, ¿le digo o no le digo?, ¿voy o no voy?. Viven en el “o” sin poder decidirse por la primera o la segunda opción.

Pero, lo que produce un mayor tormento, es que hacen predicciones negativas con respecto a lo que creen que ocurriría si optan por alguna de ellas: “¿y si elijo hacerlo y me sale mal?”, “¿y si elijo no hacerlo y el resultado es peor?, ¿y si cometo un error al elegir lo que elegí?, “¿no debería elegir el otro camino?”...

De esta manera, la mente se atiborra de pensamientos de duda, y la persona queda sumida en la inacción, pensando una y otra vez lo mismo. Ante esta indecisión obsesiva que los atormenta, suelen preguntarle a las personas de su entorno qué es lo que más les conviene hacer. Entonces, se obsesionan pensando en las diferentes respuestas que reciben sin poder emplear su propio criterio y perdiendo una importante cantidad de tiempo.  

PRINCIPALES BLOQUEOS QUE IMPIDEN TOMAR UNA DECISIÓN

Estos bloqueos son estados internos que actúan en forma conjunta a la hora de tomar una decisión.

Estar pendiente de los resultados: no siempre podemos predecir los resultados de nuestras decisiones. Estar pendiente de los mismos, nos impedirá tomar cualquier tipo de decisión. Lo importante es que, cualquiera sea el resultado, tengamos confianza en nosotros mismos de que vamos a poder afrontarlo. Esta actitud interna nos hará sentir más aliviados para poder elegir libremente.

Querer controlar el curso de los acontecimientos: si necesitamos decidir entre “hacer algo o no hacerlo”, pero queremos que los hechos se desarrollen de acuerdo a la imagen mental que tenemos de los mismos, lo más probable es que decidamos no hacer nada. Podemos tener una idea de cómo vamos a conducir los acontecimientos pero, cuando finalmente ocurren, debemos saber que siempre tendremos que improvisar y resolver sobre la marcha determinadas cuestiones. No podemos controlar la reacción de los demás y, muchas veces, tendremos que responder en el momento a lo que se presenta. Aceptemos que hay variables que no dependen de nosotros. La vida es riesgo. Pero hay algo que sí depende de nosotros y de lo cual tenemos control: de nuestra propia respuesta ante la reacción de los demás, la cual nos permite encauzar una situación difícil.

Valorar SIEMPRE la elección como correcta o incorrecta: algunas decisiones extremas pueden ser de “vida o muerte” y la responsabilidad de decidir correctamente se hace imperativa. Pero la persona que es crónicamente indecisa, valora a una decisión cotidiana como si, en ella, se estuviese jugando la vida. Muchas decisiones no son ni correctas ni incorrectas, sino que son diferentes. Es decir, son distintos caminos que nos llevan a recorrer diferentes experiencias. Y cualquier camino que elijamos recorrer, será una oportunidad de aprendizaje.

Infravalorar los propios recursos: no reconocer nuestras habilidades para afrontar una determinada situación que pueda surgir como consecuencia de nuestra decisión, nos impedirá tomarla.  Esto nos lleva a la inacción y el estancamiento, lo que nos impide avanzar en algún área de nuestra vida. Muchas veces, poseemos recursos para afrontar situaciones difíciles, pero tenemos la creencia de que no los tenemos.

Sobreestimar las posibles consecuencias negativas: no siempre las posibles consecuencias son tan negativas como las imaginamos. Cuando las mismas no son tan graves, pero nosotros las sentimos como tal, estamos catastrofizando, es decir, estamos sobredimensionando la situación. Este es uno de los bloqueos que más nos paralizan a la hora de tomar una decisión, y nos lleva a la evitación de la acción por miedo a las posibles consecuencias.

Miedo a cometer un error: si equiparamos al error con el fracaso, generamos nuestro propio sufrimiento y nos bloqueamos cuando necesitamos tomar una decisión. Si consideramos al error como una experiencia que nos enseña cómo hacer las cosas de una manera diferente,

aprenderemos de él. El error es lo que nos acerca al éxito. El fracaso no consiste en hacer las cosas y cometer errores. Consiste en NO hacer las cosas, por miedo a cometer errores.

Perfeccionismo: la búsqueda del perfeccionismo paraliza, hace perder tiempo en detalles secundarios y nos lleva a la postergación, ya que nos decimos: “o lo hago perfecto, o no hago nada”. En vez de buscar lo perfecto, busquemos la excelencia.

Dependencia de los demás: si cada vez que tenemos que tomar una decisión le preguntamos a todos los que nos rodean qué es lo que nos conviene hacer nos confundiremos más aún, ya que cada persona nos dará una respuesta diferente que estará de acuerdo con su propia personalidad. Necesitamos tener en cuenta nuestra propia forma de ser para decidir qué camino vamos a tomar ya que, después, somos nosotros los que tendremos que transitarlo.

Además, esta dependencia de los demás anula nuestro yo, no nos permite crecer ni afianzarnos en nuestra propia persona. Seguir nuestro propio criterio, nos permite generar confianza en nosotros mismos.

Autoestima baja: el consultar constantemente a nuestro entorno ante cada decisión que necesitamos tomar, el no confiar en nuestro propio criterio, el dudar permanentemente de nosotros mismos, son conductas que reflejan un bajo nivel de autoestima. La mejor forma de fortalecerla es ir dejando, gradualmente, estas conductas negativas e ir decidiendo, cada vez un poco más, nosotros mismos. Podemos empezar tomando pequeñas decisiones y, paulatinamente, llegaremos a tomar decisiones de mayor peso.

No conectarse con los propios sentimientos: si acallamos nuestra mente y nos conectamos con lo que sentimos, podremos dejarnos guiar por lo que nos dice nuestra parte intuitiva. El atiborrarnos con pensamientos de duda nos impide escuchar la voz de nuestra intuición. La razón nos ofrece muchas opciones, pero nuestra intuición nos señala claramente el camino.

Querer tenerlo todo: elegir es renunciar. Cuando elegimos andar por un camino, estamos renunciando a transitar por otros. Si no nos decidimos por ningún camino, estamos decidiendo de todas maneras: decidimos no avanzar y estancarnos en el lugar que estamos.

Atormentarnos pensando qué hubiera pasado si elegíamos la otra opción: si, finalmente, logramos tomar una decisión pero, luego, nos quedamos rumiando acerca de qué hubiera pasado si hubiéramos tomado el otro camino, volvemos a  generar nuestro propio tormento. Lo que hubiera pasado, si hubiésemos elegido la otra opción, es que hubiésemos tenido otro tipo de experiencia y de aprendizaje tan enriquecedor como el que elegimos.

Comenzar a tomar decisiones propias.

1)    Tome en cuenta su propia forma de ser para tomar la decisión que más le convenga: no anteponga la opinión de los demás a la suya ya que, después, será usted el que tenga que transitar el camino elegido.

2)    Comience tomando pequeñas decisiones para poder pasar, gradualmente, a tomar decisiones mayores.

3)    Confíe en su propio criterio: esto acrecentará su confianza en sí mismo, lo que le permitirá ir reconstruyendo su autoestima.

4)    Escuche a su intuición: la voz de la intuición nos conecta con nuestras propias necesidades y deseos, señalándonos el camino.

5)    Tenga presente que no siempre las decisiones son buenas o malas, sino que son diferentes elecciones que nos dan la oportunidad de vivir distintas experiencias de aprendizaje.

6)    No pretenda que su plan mental se cristalice en la realidad material en forma exacta. Déjese sorprender por las situaciones nuevas. Esto le permitirá conocer sus propios recursos para enfrentarlas.

7)    Tenga un plan pero no se ate a él. Improvise.

8)    Si usted está necesitando elegir entre dos caminos, o más, el no elegir ninguno puede ser lo que, justamente, agrave su situación. Por algún motivo, está necesitando elegir. Medítelo.

9)    No siempre se pueden predecir los resultados cuando tomamos una decisión: cualquiera sea el resultado, usted tendrá la capacidad para afrontarlo. Si no sale como usted lo esperaba, aprenda del error para una próxima vez, o haga las reparaciones necesarias. Si sale como lo esperaba, o mejor, disfrute de la experiencia!!!

Lic. Viviana Blas. Psicóloga UBA.

 

Comments