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Fortalece tu autoestima

FORTALECIENDO NUESTRA AUTOESTIMA

La autoestima es un estado interior que se relaciona con la valoración, aprobación y aceptación que tenemos acerca de nosotros mismos. Es un proceso dinámico continuo que se construye progresivamente a lo largo de nuestra vida, y se ve influenciado por la manera en que procesamos nuestras experiencias (por ejemplo: la forma en que nos trataron en nuestra infancia), y por nuestro autoconcepto, es decir, por cómo nos autopercibimos y autoevaluamos. 

La autoestima equivale a sentir amor incondicional por uno mismo, aún de nuestras partes más oscuras. Cuando uno no acepta sus propias debilidades, no las integra al plano de su conciencia, sino que las rechaza de dicho plano porque no quiere verlas. Este rechazo, negación o inconsciencia de nuestra propia sombra, impide el poder modificarnos y trascendernos, lo cual nos detiene en nuestra superación personal.

La autoestima es el recurso psicológico que mas necesitamos fortalecer ya que es una herramienta de supervivencia: una autoestima sólida y fuerte nos permite enfrentar los diversos retos de la vida, brindándonos flexibilidad y poder de adaptación para atravesar nuevas situaciones, ya sea que las generemos nosotros mismos o que nos la presente el destino.

 

Se basa en nuestros propios procesos mentales interiores (el juicio que tengo acerca de mí mismo y del valor que tengo como persona, y lo que siento por mí mismo). Podemos alcanzar el “éxito” pero si no hemos construido una autoestima elevada, dicho éxito será un camino engañoso que nos hará sentir, temporalmente, satisfechos con nosotros mismos…pero, interiormente, seguiremos sintiendo el “agujero” psicológico que nos deja la falta de cimientos que produce una autoestima baja, lo cual nos hará vivir con miedo a que dicho agujero se descubra.

Por eso, basar nuestra autoestima solamente en los logros externos nos conduce a formar una pseudoautoestima. La verdadera autoestima se basa en un auténtico sentimiento de amor, aprobación y aceptación de mi mismo, tal como soy, con mis virtudes y mis defectos. Eso no quiere decir que no desee enriquecer a mi propia persona potenciando mis fortalezas o adquiriendo nuevas habilidades, pero no voy a esperar a que ello ocurra para comenzar a quererme y a aprobarme; por el contrario, si me acepto tal como soy hoy, voy a poder, desde el amor y cuidado hacia mi propia persona, ampliar mi repertorio de habilidades o fortalecer las que ya tengo naturalmente.

Existe una distancia entre el yo real y el yo ideal que es la que nos moviliza a superarnos a nosotros mismos y a obtener nuevos logros. Cuanto mayor sea dicha distancia, menor será el autoconcepto que tengamos y viceversa. Por lo tanto, el autoconcepto nutre a nuestra autoestima: la autoestima está formada por la relación que existe entre el autoconcepto y el ideal: si el autoconcepto  está cerca del ideal, la  autoestima será mayor, si el autoconcepto está lejos del ideal, menor será la  autoestima.

El juicio de valor más importante que tenemos es el que emitimos sobre nosotros mismos. Dicho juicio, influenciará en todos los actos de nuestra vida: nuestras elecciones, decisiones y experiencias; en definitiva, será el que construya nuestro propio destino. Podemos tener muchas capacidades, pero si juzgamos que no las tenemos, no las podremos utilizar. Un juicio negativo acerca de nuestra propia persona nos inhibirá en la acción. Por el contrario, un juicio positivo que valore nuestras capacidades reales (ya sean naturales o adquiridas) nos predispondrá a la acción que nos permitirá obtener los resultados que deseamos.

Por todo esto, es importante la manera en que procesamos la información: ver qué juicios emitimos sobre nosotros mismos, sobre nuestra manera de relacionarnos y nuestras acciones. Por ejemplo: si no hemos alcanzado un objetivo determinado y, como consecuencia de ello, emitimos un juicio desvalorizante acerca de nuestra propia persona, será dicho juicio lo que socave nuestra autoestima y no el hecho de que, aún, no hayamos alcanzado dicho objetivo.

Esa desvalorización es una distorsión cognitiva denominada “etiqueta”, la cual consiste en un rótulo que le ponemos a nuestra persona y que nos encasilla en ese lugar. No es lo mismo decir “tuve un fracaso” que decir “soy un fracasado”: la primera frase es una afirmación que describe un hecho puntual, la segunda, es un juicio que emitimos acerca de nuestra propia persona y que, si nos lo creemos, nos cerrará un mundo de posibilidades.

Si nos guiamos por la afirmación, podemos aprender del error para hacer, en un futuro, las cosas de manera diferente. Así, transformamos el “fracaso” en una verdadera oportunidad de aprendizaje.

Si nos guiamos por la subjetividad de un juicio negativo, socavamos nuestra autoestima y nos condenamos a la inacción.

En el caso en que nos hayamos creído dicho juicio, podemos, también, elegir no creer en él y modificarlo, transformándonos primero a nosotros mismos en personas exitosas para avalar el juicio contrario “soy un éxito”.

Por otra parte, tengamos en cuenta que no somos seres ya acabados, sino que nos estamos creando constantemente a nosotros mismos, a través de nuestras elecciones, juicios, acciones, decisiones, actitudes, etc., teniendo siempre la posibilidad de cambiar. No tenemos por qué repetir las mismas elecciones del pasado. Podemos atrevernos a ensayar nuevas conductas que nos conduzcan a los resultados que deseamos.

No obtener logros no es lo que baja nuestra autoestima, sino que el tener, previamente, la autoestima baja es lo que no nos permite utilizar nuestras habilidades para obtenerlos.

No basta con tener habilidades para tener éxito en un área determinada, sino que es necesario, también, reconocer que las tenemos: podemos tener muchas capacidades, pero si no creemos que las tenemos, no las podremos utilizar.

Muchas personas con baja autoestima tienen la creencia que si obtienen muchos logros su autoestima podrá elevarse y se lanzan a lograr objetivos. Pero dichos objetivos nunca les resulta “suficientes” para elevar su nivel de autoestima. Porque no son los logros los que la crean. Tener logros puede fortalecer una previa sana autoestima, no crearla. Más aún, es el reconocimiento propio de nuestros logros (y no los logros en sí mismos, ni el reconocimiento ajeno) lo que la fortalece. Nuestros logros solo logran avalar que tenemos talentos y capacidades.

La autoestima es un sentimiento que necesitamos tener previamente a la obtención de logros.  Ese sentimiento de autovalía nace de nuestros pensamientos de autoevaluación positiva, de valoración de nosotros mismos más allá de lo que obtengamos, sino por el simple hecho de existir y de ser personas. Por eso, es importante estar concientes de nuestros pensamientos: de nuestros juicios de autoevaluación negativa, nuestras creencias acerca de nuestras capacidades, talentos, potencialidades, etc. ya que, muchas veces, no se corresponden con los hechos, sino que son meras interpretaciones o supuestos acerca de nuestra propia persona.

La persona con autoestima baja puede juzgar que es incapaz de llevar adelante una determinada empresa. Pero eso no significa, necesariamente, que sea realmente incapaz, sino que, en muchas ocasiones, resulta ser solamente la creencia que dicha persona tiene sobre sí misma. Esta creencia, muchas veces, no coincide con la realidad, e impide que la persona conozca y desarrolle su potencial.

Pero si, realmente, no tiene ciertas habilidades, la persona que observa su realidad desde una autoestima baja tampoco podrá ver la posibilidad que tiene de ensayar acciones alternativas: evaluar si puede adquirir dichas habilidades o delegar en otros el ejercicio de las mismas, etc.

Como seres sociales que somos es evidente que necesitamos un grado de aceptación por parte de los demás. Pero, no por ello tenemos que someter nuestra autoestima a la aprobación y aceptación de los otros ya que, si lo hacemos nos exponemos a que, cuando nos evalúen negativamente o nos rechacen, nuestra autoestima decaiga. La aprobación que necesitamos, fundamentalmente, es la de nosotros mismos. Nadie puede gustarle a todo el mundo, haga lo que haga.

Nuestro nivel de autoestima se ve reflejado en los distintos aspectos de nuestra vida: trabajo, pareja, salud y demás áreas.

La autoestima baja se refleja en cada una de dichas áreas, por ejemplo: cuando elegimos personas que nos hacen sufrir (ya sea pareja o amigos), tenemos adicciones, no creemos en nuestras capacidades y recursos, sentimos ansiedad y tensión, no nos atrevemos a expresarnos, o en cualquier otra limitación o forma de sufrimiento que estemos generando en nuestra vida.

La autoestima alta se refleja en las elecciones positivas que hacemos en las distintas áreas vitales, por ejemplo: elegimos relaciones armónicas, confiamos en nuestras habilidades, cuidamos nuestro cuerpo, nos sentimos relajados, expresamos asertivamente nuestras opiniones, y sentimos una expansión, disfrute y bienestar psicológico en general.

La autoestima alta no significa ni sentirse superior a los demás, ni ser arrogante o estar vanagloriándose. Significa estar seguros de que valemos por lo que somos, con todas nuestras virtudes y nuestros defectos. Significa aceptar y querer al ser que somos, aunque deseemos superarnos, pulirnos, expandirnos o adquirir nuevas habilidades. Significa hacer elecciones que nos permitan ser felices, disfrutar, crecer: elegir relaciones positivas, confiar en nuestros propios recursos, cuidar nuestra salud, ser autónomos, independientes, tener pensamiento propio, expresar nuestros deseos, necesidades, pensamientos y sentimientos, tener iniciativa, estar abiertos a nuevas experiencias, sentirnos merecedores de todo lo bueno de la vida.

La autoestima alta se puede adquirir. Todos podemos elevar el nivel de nuestra autoestima. Para ello, necesitamos revisar y modificar las creencias y los juicios negativos que tenemos acerca de nuestra propia persona: nuestras desvalorizaciones, autoevaluaciones negativas, desaprobaciones, etc. Esos juicios son solo pensamientos, y los pensamientos se pueden modificar.

Lic. Viviana N. Blas – Psicóloga UBA

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