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Estilos sociales y asertividad

ESTILOS SOCIALES Y ASERTIVIDAD 

 ¿Cuál es tu estilo social?       

Nuestra vida se desarrolla, en mayor o menor medida, dentro del marco de las relaciones interpersonales. Necesitamos relacionarnos en los diferentes ámbitos: laboral, sentimental, social, académico, etc. Somos seres sociales. No podemos sobrevivir aislados.

Por ello, es muy importante estar concientes con respecto a la manera en que nos comunicamos, ya que nuestro estilo social determinará la presencia o ausencia de vínculos en nuestras vidas y la calidad de los mismos.

Podemos diferenciar tres grandes estilos sociales, dentro de los cuales hay, obviamente, distintos grados: el asertivo, el  inhibido o pasivo y el agresivo.

Cada uno de estos estilos sociales, influenciará enormemente con respecto a las oportunidades que generemos en nuestra vida ya que, como dijimos, las mismas tienen siempre como contexto, en mayor o menor grado, los diferentes tipos de vínculos.

Tanto si nuestro estilo social tiende a ser agresivo como si tiende a ser inhibido, aprender a tener un estilo asertivo nos permitirá tener mayor efectividad y seguridad en nosotros mismos a la hora de expresarnos, ya que podremos hacerlo sin deteriorar nuestros vínculos.

El estilo asertivo puede aprenderse. Existen muchas técnicas asertivas para afrontar críticas, saber decir que no, pedir un cambio de conducta en el otro, etc., sin que ello ponga en riesgo nuestras relaciones. Aprender a comunicarnos efectivamente es posible, adquiriendo un nuevo repertorio de conductas que acrecienten nuestras habilidades sociales.

Pero: ¿Qué es Asertividad?. Asertividad proviene del latín “asertus”, que quiere decir “afirmación de la certeza de una cosa”. Una persona asertiva es aquella que afirma con certeza y con firmeza.

Por lo tanto,  asertividad es poder expresar nuestros pensamientos, sentimientos, opiniones, etc., en forma adecuada a la situación en la que nos encontramos inmersos, es decir, ni en forma agresiva ni inhibida, sino calmada y segura, respetando los derechos ajenos y haciendo respetar los nuestros. Para ello, tomamos en cuenta ciertas variables: el contexto en el que se desarrolla la conversación, el tipo de vínculo, el rol que tenemos dentro del mismo, etc.

Uno de los problemas de la persona inhibida es que permite que violen sus derechos con tal de no poner en riesgo el vínculo, diciendo que sí cuando preferiría decir que no, dejando de expresar sus opiniones, necesidades, preferencias, etc. Esta conducta, a la larga, se le vuelve en contra ya que acumula resentimiento contra el otro y, lejos de cuidar el vínculo, está contribuyendo, aunque sin intención conciente, a que el mismo se deteriore. Sin querer, provoca lo que teme.

Uno de los problemas vinculares de la persona agresiva es que intimida a los demás, pretende dominarlos, invade el espacio del otro y, aunque pueda “ganar” las discusiones y termine haciendo siempre sólo su voluntad esto, tarde o temprano, se vuelve en su contra también, ya que el deterioro del vínculo se va acrecentando con las diversas interacciones a lo largo del tiempo e, inclusive, puede llegar a perderlo.

Para adquirir un estilo asertivo es necesario, además, modificar ciertas creencias. Tanto la persona agresiva como la inhibida tienen ciertos esquemas de creencias que los llevan a relacionarse de esa manera.

Por ejemplo: una persona inhibida puede tener la creencia que si hace siempre lo que el otro quiere está cuidando el vínculo, sin tener en cuenta que está pagando el alto precio de anularse al dejarse siempre de lado.

Una persona agresiva puede creer que si no trata a los demás en forma imperativa lo van a pisar, y esta creencia no le permite tener en cuenta al otro, a la relación entre ambos, y a que existe la posibilidad de llegar a un acuerdo.

Es decir, para relacionarnos asertivamente, tendremos que hacer modificaciones no sólo en el nivel de nuestra conducta sino, también, en el de nuestras creencias (nivel cognitivo).

También, es necesario realizar modificaciones en el nivel fisiológico. Tanto la persona que tiende a la agresión como la que tiende a inhibirse, necesita técnicas de respiración y de relajación para poder aplicarlas en el momento en que comienza a instalarse la emocionalidad agresiva o la reacción ansiosa y tensa.

Todos tenemos derecho a expresarnos libremente, a defender nuestros derechos, mantener un desacuerdo, decir que no, hacer y rechazar pedidos, expresar afecto, expresar desagrado, aceptar y hacer cumplidos, aceptar y rechazar ofrecimientos, hacer ofrecimientos, y tener todas las interacciones sociales que deseemos, siempre y cuando lo hagamos respetando los derechos de los demás y, por supuesto, haciendo respetar los nuestros.

Lic. Viviana N. Blas. Psicóloga UBA.  

 

 

 

 

 

 

 

 

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