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El poder de las creencias

EL PODER DE LAS CREENCIAS

Nuestras creencias tienen el poder de crear nuestro mundo y determinar nuestro destino, ya que le dan una dirección a nuestra conducta.

Las creencias positivas son generadoras de poder de acción y las negativas nos resultan limitantes. Por lo tanto, si tenemos creencias positivas acerca de nosotros mismos (autoestima), de los otros y del futuro, podremos permitirnos experimentar nuestro desarrollo personal, generar vínculos positivos y construirnos un futuro agradable, respectivamente. 

En cambio, si nuestro modelo mental está conformado, mayormente, por creencias negativas, estaremos inhibidos para modificar nuestro propio mundo.

Nosotros podemos elegir si seguimos sosteniendo una creencia o no, de acuerdo a los resultados que está generando en nuestra vida.

El impacto que causan las creencias o juicios en nuestra personalidad se debe a que, al aceptarlas como verdaderas, ya no las cuestionamos aunque, las mismas, nos estén causando sufrimiento.

De esta manera, confundimos creencias o juicios con afirmaciones.

Según la Ontología del Lenguaje, existe una gran diferencia entre ambas, ya que las afirmaciones se refieren a los hechos; en cambio, los juicios o creencias se refieren a las interpretaciones que hacemos de dichos hechos.

Dos personas pueden interpretar un mismo hecho de manera diferente, según su sistema de creencias. Existen tantos puntos de vista como personas en el mundo.

Ejemplo de una afirmación: “H y S es una empresa de computación de América Latina”. Ejemplo de un juicio: “H y S es la mejor empresa de computación de América Latina.”

Una afirmación puede ser verdadera o falsa, necesita estar apoyada por la evidencia para demostrar su veracidad. Una afirmación falsa sería decir que “El auto del sr. X cruzó en rojo” cuando, en realidad, cruzó en verde.

En cambio, las creencias, por definición, no son ni verdaderas ni falsas, sino que son válidas (para el que cree en ellas) o inválidas. Por lo tanto, se pueden modificar.

Los juicios pueden ser fundados o infundados. Se fundan en los hechos que hemos experimentado en el pasado, de los cuales nacieron nuestras creencias, es decir, de cómo hemos interpretado dichos hechos.

Las afirmaciones se refieren a “lo que es”. Los juicios o creencias se refieren a “lo que interpreto que es”.

Las afirmaciones se refieren a los hechos, los fenómenos, las características de las cosas, a nuestras observaciones de la realidad.

Los juicios se refieren a las creencias, opiniones, juicios de valor, a nuestras interpretaciones de la realidad.

Las afirmaciones describen la realidad. Los juicios crean la realidad.

¿Qué realidad estamos creando para nosotros mismos con nuestras creencias?, ¿Qué creencias tenemos acerca de nuestras capacidades, nuestra pareja, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestra familia?, ¿Esas creencias me acercan o me alejan de mi entorno?, ¿Me abren o me cierran posibilidades de acción?

Lo que nos provoca sufrimiento es vivir a nuestras creencias negativas como si fueran afirmaciones verdaderas, ya que nos impide el poder invalidarlas cuando nos resultan perjudiciales.

Sólo los hechos del pasado son inmodificables. La interpretación que hacemos de los mismos puede modificarse.

Una característica de las creencias es que, una vez que la aceptamos como válida, ésta opera, en nosotros mismos, en forma automática y transparente ante los ojos de nuestra conciencia.

Los juicios o creencias hablan más de quien los emite que de quien los recibe. Hablan de su manera de pensar acerca de los otros a través de las etiquetas que les pone.

Con respecto a los juicios (negativos) ajenos, lo que nos trae sufrimiento es vivirlos como si fueran afirmaciones verdaderas, en lugar de advertir que sólo se trata del punto de vista de quien los emite.

Además, necesitamos tener en cuenta quién es la persona que emite un determinado juicio, si tiene autoridad, o no, para que le demos algún grado de importancia.

Una creencia es la interpretación que tenemos registrada acerca de algo, la cual vivimos desde un sentimiento de certidumbre. Está conformada por una idea y por las referencias que la apoyan (hechos, experiencias) y, además, por una carga afectiva que puede ser de placer o de dolor.

Lo que diferencia a una idea de una creencia es el sentimiento de certidumbre que la apoya.

Muchas veces, tenemos creencias limitantes acerca de nosotros mismos y de nuestras capacidades (baja autoestima). Pero esos juicios negativos no siempre están fundadas por hechos del pasado, sino que nacen de nuestros propios miedos, los cuales nos hacen creer que son fundados y nos inhiben en el desarrollo de nuestro potencial.

Los seres humanos vivimos en una zona de Facticidad y otra de Posibilidad. La zona de facticidad se refiere a esa área de la vida sobre la que no tenemos poder de acción para modificarla: por ejemplo: nuestra historia personal, la finitud de nuestro cuerpo, la época en que vivimos, nuestro color de ojos, nuestros padres, nuestro pasado, el lugar en que nacimos, etc.

La zona de posibilidad se refiere al área de nuestra vida en la cual disponemos de nuestro poder de acción para operar en ella y generarnos las experiencias que deseamos transitar.

Si aceptamos las facticidades de nuestra historia en particular, aunque hayan cosas negativas que nos hubiera gustado que fuesen de otra manera, podremos enfocar nuestra energía en todo aquello que sí podemos cambiar.

Frente a los hechos desagradables, siempre tenemos la opción de elegir cómo reaccionar ante ellos. Elijamos una interpretación que no nos encadene a un eterno sufrimiento. Perpetuar nuestro dolor no modifica el pasado, sino que nos mortifica en el presente empeorando, de esta manera, nuestra situación actual.

Las creencias, juicios o interpretaciones de los hechos son pensamientos y los pensamientos, cuando no obtenemos los resultados que necesitamos, los podemos cambiar.

Cuando necesitamos realizar cambios profundos en nuestra vida, no nos alcanza con modificar una única creencia, sino que necesitamos cambiar una cadena de juicios o sistema de creencias, las cuales conforman nuestro modelo mental.

Cada persona interpreta los hechos basándose en su propio modelo mental, a través del cual percibe al mundo.

El modelo mental de cada persona está conformado por su propio sistema de creencias, supuestos, imágenes, generalizaciones y patrones de pensamiento, los cuales se fueron formando como consecuencia de las experiencias y conocimientos que cada individuo fue registrando a lo largo de su vida.

Este modelo mental puede ser positivo o negativo, de acuerdo a la propia historia de cada individuo. Cada persona, tendrá una percepción e interpretación particular del mundo a través de dicho modelo mental.

Podemos comparar al modelo mental con un par de lentes que, según el color de los mismos, será la percepción que tendremos del universo. Es decir, que no tenemos acceso a la realidad real sino a una realidad subjetiva que está filtrada por nuestro propio modelo mental.

El modelo mental atiende y acepta, selectivamente, lo que es afín a él. Lo que es diferente a él, lo rechaza, a través de juicios, prejuicios, críticas y etiquetas como mecanismo de defensa para poder confirmar, siempre, sus propias creencias. No admite contradicciones. Sólo admite lo que perpetúa su propia existencia. Por eso, como las creencias siempre tienden a confirmarse, no es fácil cambiar nuestro modelo mental, ya que existe lo que se llama “resistencia al cambio”, la cual se manifiesta a través de toda una serie de síntomas como por ejemplo: inhibiciones, bloqueos, miedos, dudas, inseguridad, somatizaciones, etc.

Para hacer modificaciones en nuestro modelo mental necesitamos procesar el sistema de creencias asociadas al síntoma. De esta manera, los cambios serán perdurables.

Para ello, podemos comenzar teniendo otra postura frente a nuestras propias creencias, no creerles a ciegas, sino, cuestionarlas, cuando nos resulten dañinas. Por ejemplo, con respecto a nuestras creencias positivas, lo que podemos hacer es: fortalecerlas, buscando referencias en nuestro pasado que aumenten nuestro sentido de certidumbre. Y, con respecto a nuestras creencias negativas, (para poder desarticularlas y reinterpretarlas), lo que podemos hacer es cuestionarlas, basándonos en las siguientes preguntas: ¿Qué evidencia existe que indica que lo que pensé es cierto?, ¿En qué hechos me baso para fundar esta creencia que sostengo?, ¿Existe algún hecho que funde la creencia contraria a lo que pienso?, ¿Existe alguna explicación alternativa para interpretar ese hecho?, ¿Qué probabilidad hay de que se cumpla lo que creo?, ¿Es útil esta creencia?, ¿Quién me la enseñó?, ¿Dónde la aprendí?, ¿Qué puedo hacer para modificar la situación?, ¿Qué estado de ánimo me genera esta creencia?, ¿Me ayuda a resolver algún problema?, ¿Evita que ocurra algún problema?, ¿Qué mundo deja a mis pies: me abre o me cierra posibilidades de acción?, ¿Qué futuro presagia en mi vida sostener esta creencia?

Para poder introducir en nuestra mente nuevas creencias positivas, primero tendremos que remover las negativas, sino nuestra mente inconsciente las rechazará creando síntomas que manifiesten una resistencia al cambio. Una vez que hayamos desarticulado las creencias negativas podremos, recién, presentarle a nuestra mente inconsciente una creencia positiva para que la acepte. Nunca debemos dejar el vacío mental que deja la remoción de un pensamiento negativo, sino que hay que llenar dicho espacio con un pensamiento positivo. De lo contrario, nuestra mente volverá, automáticamente, a llenarlo con el pensamiento negativo anterior. La mente no admite espacios vacíos.

Para que las nuevas creencias se vayan afianzando en nuestra mente, necesitamos pasar un proceso de asimilación de “lo nuevo” hasta que, finalmente, nuestra mente inconsciente las acepte y deje de generar resistencia. Para ello habrá que remover, principalmente, el miedo al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido y el “beneficio” que trae el síntoma: seguir transitando la zona de comodidad y no afrontar la incertidumbre que provoca el cambio.

Frente a los cambios rápidos que ocurren en el mundo actual, un modelo mental flexible nos permite adaptarnos con mayor agilidad a los mismos para poder, así, tener una mejor calidad de vida.

Y, para positivizar nuestro modelo mental, tengamos presente esta maravillosa frase de Henry Ford: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, de ambas maneras tienes razón.” Sólo podes crear lo que podes creer.

Lic. Viviana N. Blas. Psicóloga UBA.

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