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Cuando los hombres nos hacen sufrir

CUANDO LOS HOMBRES NOS HACEN SUFRIR

Algunas mujeres, sabemos muy bien lo que es sentirse atraída hacia un hombre que, de alguna manera, nos hará sentir algunas de las manifestaciones del sufrimiento. Entre estas variedades del mismo podremos sentir dolor, celos, miedo al abandono, a que nos sea infiel...o, tal vez, nos haga sufrir teniendo que ponernos como meta el desafío de que "cambie" y se "transforme" en un hombre más accesible, más cariñoso, más demostrativo cuando, en realidad, esa no es su esencia.

Es como si, para nosotras, esa clase de hombres "difíciles" tuvieran una atracción irresistible, especial, a la cual sucumbimos indefectiblemente.

En lo más profundo de nuestro ser, sabemos que relacionarnos con ÉL, nos traerá muchos "dolores de cabeza" pero, sin embargo, los elegimos y los deseamos como pareja.

Pero,  ¿qué es lo que tienen esta clase de hombres que, aunque nos hacen sufrir, nos enamoramos de ellos y decimos que los amamos?. ¿Realmente los amamos?.

Si logramos conquistarlo, nuestra relación con ÉL, a pesar que será dolorosa, no podremos cortarla. Pero, en realidad, justamente porque es dolorosa es que no podemos cortarla. Justamente porque nos trae "dolores de cabeza" es que nos atrae irresistiblemente.

Esta es, seguramente, la trampa en la que caemos una y otra vez.

En algún momento de nuestra vida, hemos aprendido a identificar al amor con el dolor, amar equivale a sufrir, y creemos que lo amamos según midamos nuestro grado de sufrimiento.

Estos hombres, al relacionarse caóticamente con nosotras, nos están ofreciendo la posibilidad de revivir aspectos irresueltos de nuestra historia infantil dolorosa, la cual queremos corregir de alguna manera, y en nuestro intento (fallido) de reivindicarnos, caemos nuevamente en la tentación.

Este intento es fallido, porque no podemos cambiar al otro ni a nuestra historia, sino que sólo podemos cambiarnos a nosotras mismas.

Si realmente lo amáramos a ÉL, no intentaríamos cambiarlo, tratando que ÉL haga lo que nosotras necesitamos, sino que lo querríamos tal cual es.

Pero nuestra historia infantil dolorosa nos ha marcado emocionalmente y, así, nos vemos tentadas a querer revivirla, bajo otra faceta actual, como un intento de modificarla.

Modificar el pasado es imposible. Lo que sí podemos hacer es posicionarnos de una forma diferente hacia nuestro propio pasado. Posicionarnos sanamente ante nuestra historia de dolor. Pero eso no podremos lograrlo involucrándonos en relaciones dolorosas sino que, así, lo único que lograremos será perpetrar aún más nuestro dolor y tendremos, cada vez, una mayor cantidad, en nuestro haber, de experiencias dolorosas.

Si nuestra historia infantil está emergiendo una y otra vez, bajo distintas formas, en nuestras relaciones presentes, lo que nos está "pidiendo" es que la atendamos, la elaboremos y la podamos cerrar sanamente como una etapa superada, de la cual aprendamos las enseñanzas que nos ha dolorosamente legado.

Si en vez de centrarnos en el otro, nos centramos en nosotras mismas, en nuestras necesidades, nuestras carencias, nuestro dolor, en vez de esquivarlo poniendo nuestra atención en el afuera (en este caso, en el otro), podremos reparar nuestro interior, nuestro esquema emocional y relacionarnos desde el verdadero amor.

Si dejamos de usar de excusa al otro, diciendo que es nuestra fuente de sufrimientos y nos atrevemos a tomar conciencia que la que, en realidad, nos está causando y perpetrando ese sufrimiento somos nosotras con las malas elecciones de pareja que hacemos, podremos sentirnos liberadas de esta lucha en la que solo hay perdedores.

Las buenas elecciones de pareja, como sería el elegir a un hombre normal que nos quiera y nos atienda como nos lo merecemos, no nos atraen, a veces, ni siquiera los registramos a este tipo de hombres, los cuales nos resultan aburridos, porque no nos ofrecen la posibilidad de "reparar" aquellas viejas heridas infantiles; no necesitamos "luchar" para obtener su aprobación, su amor y su atención, ni para que "cambie".

Tal vez, hemos padecido, en nuestra historia, a un padre distante, o abandónico, o violento, o hemos sufrido el divorcio de nuestros padres o, sea cual fuere nuestra historia en particular, lo que sí tenemos en común es que nos ha dejado un profundo dolor, el cual es hora de enfrentar para poder recuperar la capacidad de DISFRUTAR al amor, en lugar de padecerlo.

En cambio, las mujeres cuyo esquema emocional y su autoestima se han conformado más normalmente, rechazarán automáticamente a estos hombres conflictivos, se sentirán incómodas con ellos, ya que su necesidad no pasa por tener este tipo de lucha y de resarcimiento, sino que pasa por disfrutar y amar desde la serenidad y la estabilidad, aunque con pasión, a un hombre que las ame y las respete, ya que ellas sienten naturalmente que eso es lo que se merecen. Así, podrán tener una relación sin dejar de lado el desarrollo de su propia individualidad y su creatividad lo cual, a su vez, enriquecerá aún más a su relación de pareja.

Pero si este no es nuestro caso, es necesario que, lo antes posible, empecemos a conocer nuestra verdad, a mirarnos al espejo tal cual somos aquí y ahora, a enfrentar a nuestras  propias emociones sin miedo y, al iniciar este proceso de verdadera "limpieza interior", podremos comenzar a reparar nuestra autoestima dañada, a fortalecernos cambiando ciertas creencias que nos debilitan, y a amarnos a nosotras mismas lo suficiente como para sentir que nos merecemos amar y ser amadas, plenamente.

LIC. VIVIANA BLAS. PSICÓLOGA UBA.

 

 

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