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¿Timidez o Fobia Social?

¿TIMIDEZ O FOBIA SOCIAL?

¿Te sientes incómodo cuando tienes que hablar con personas que no son de tu entorno habitual?, ¿Tienes miedo de decir o hacer algo que te cause vergüenza frente a los demás?, ¿Temes cometer un error y que los otros te juzguen y te evalúen negativamente?, ¿Sientes rubor, palpitaciones o temblor en distintas situaciones sociales?... Si experimentas algunas de estas sensaciones, es posible que padezcas de fobia social.

Timidez y fobia social no quieren decir lo mismo. La timidez consiste en un cierto temor para afrontar las situaciones sociales y en un miedo acentuado a las críticas pero, aunque sea en forma inhibida, la persona enfrenta dichas situaciones, aunque no la pase del todo bien. En cambio, en la fobia social la persona siente un miedo intenso y duradero ante una o más situaciones sociales, en las que se expone a ser observado por los demás, teme hacer algo que lo pueda poner en una situación humillante, y siente un miedo desproporcionado a las críticas, a hacer el ridículo, al rechazo, a pasar vergüenza, y a la evaluación negativa por parte de los demás. La gran diferencia con la timidez es que, en la fobia social, la persona tiene serias limitaciones para desarrollarse en los distintos ámbitos: laboral, académico, social, profesional, personal (acercarse al sexo opuesto, por ejemplo), etc., ya que evita las situaciones sociales temidas. Se ve la interferencia grave que implica el comportamiento evitativo en su desarrollo personal. Este es un cuadro clínico que sigue un curso crónico.

La fobia social es un trastorno de ansiedad, y se lo denomina TAS: trastorno de ansiedad social.

Puede ser específica (la ansiedad social se presenta ante situaciones sociales específicas, como por ejemplo: comer o beber en público, escribir delante de otros, hablar en público, etc.), o generalizada  (la ansiedad social se presenta ante la mayor parte de las situaciones sociales).

Edad de inicio: la timidez puede ser temprana, es decir, iniciarse en la primera infancia, o tardía (entre los 8 y los 14 años).

La fobia social suele comenzar entre los 15 y los 20 años. Puede comenzar en forma progresiva con antecedentes de timidez durante la infancia y aislamiento en la adolescencia. O aparecer en forma repentina, luego de padecer una experiencia traumática.

Causas: pueden ser varias. Algunos estudios indican que puede ser consecuencia de factores biológicos, psicológicos y ambientales.

Hay niños que presentan una hipersensibilidad innata a conocer a otras personas, manifestando un comportamiento inhibido. Si esta conducta es aprobada y reforzada, se cristaliza hasta llegar a la fobia social.

También, pueden influir el tener padres sobreprotectores que inculcan al niño temor hacia todo lo que provenga del mundo exterior, o que sean demasiado autoritarios y lo inhiban, o si son muy avasalladores y demuestran que ellos todo lo pueden terminan anulando al niño en su poder de acción y de expresión.

Otro factor que puede influir es el estilo de vida de padres poco sociables que no le den al niño la posibilidad de vivenciar distintas situaciones sociales e insertarse en diversos grupos lo que hará que, posteriormente, padezca de un déficit de habilidades sociales.

Por último, el haber vivido experiencias de humillación o avergonzantes en el pasado, puede influir en el desarrollo de este trastorno.

Síntomas: la ansiedad social se manifiesta a través de síntomas fisiológicos, cognitivos y conductuales.

Algunos síntomas fisiológicos son: sudoración (especialmente de las manos), temblor (piernas, voz, manos), palpitaciones, tensión muscular, rubor, sequedad de boca, mareos, molestias gastrointestinales, dificultad para concentrarse, sensación de ahogo, opresión en el pecho, etc.

Algunos síntomas cognitivos son: ideas de que tartamudeará, se bloqueará, no sabrá qué decir; creencia de que no sabrá comportarse de forma adecuada; miedo a la evaluación negativa, a ser juzgado, criticado, rechazado; reconocimiento de que este miedo es excesivo e irracional, idea de que será torpe cuando ocurra la interacción social (ansiedad anticipatoria, anticipa el fracaso social); temor a que se note su ansiedad, etc. La evitación cognitiva implica que la persona, si está en una situación social, evite implicarse mental y emocionalmente en ella: se distrae pensando en otra cosa para expulsar los pensamientos incómodos.

Algunos pensamientos frecuentes son: “si hablo, van a pensar que digo pavadas”, “soy aburrido”, “voy a actuar como un tonto”, “todos se van a dar cuenta que estoy nervioso, y se van a burlar de mí”, “yo no soy interesante”, “a nadie le interesa lo que yo digo”, etc.

Algunas creencias subyacentes son: “las situaciones sociales son peligrosas”, “en las situaciones sociales debo desempeñarme en forma perfecta”, “yo no tengo recursos sociales”, etc.

Síntomas conductuales: evitación social: no enfrenta las diversas situaciones sociales, las evita. Dicha evitación mantiene y perpetúa la fobia social.

Evitación conductual: si está en una situación social puede no actuar (por ejemplo: no hablar con los otros) o actuar inhibidamente: no mantiene contacto ocular, habla entrecortadamente, cuerpo cerrado, tenso, rígido, movimientos torpes o temblorosos, tartamudeos, usa monosílabos o frases cortas, etc.

Emociones que experimenta: ansiedad, miedo, vergüenza, preocupación, sentimientos de inferioridad (baja autoestima), está irritable o asustado, etc. Muchas veces, comienza a sentir ansiedad anticipatoria y preocupación varios días antes de tener una interacción social.

Características: algunas características del TAS son: atención autoenfocada (se centran en sí mismos, y creen que los demás solo ven lo que hace él), autoevaluación negativa (se critica constantemente), ansiedad anticipatoria (ante futuras situaciones sociales), síntomas somáticos (síntomas fisiológicos de la ansiedad), evitación (huída de las situaciones sociales), comportamiento alterado (por ejemplo: actuar inhibidamente), déficit de habilidades sociales.

Diagnóstico: se basa en los criterios del Manual de Diagnóstico y Estadístico de las enfermedades mentales (DSM lV), y en varias escalas que el terapeuta administra en las primeras entrevistas diagnósticas, para poder diferenciarlo de otros cuadros clínicos.

Tratamiento psicoterapéutico individual: el tratamiento psicológico de la fobia social implica la utilización de técnicas psicoterapéuticas cognitivas y conductuales, para poder abordar varios niveles:

El cognitivo: en este nivel aparecen muchas distorsiones cognitivas o pensamientos irracionales (por ejemplo: catastrofizar una futura situación social, hacer profecías negativas, sobregeneralizar, etc.), que es necesario cuestionar, desafiar y modificar, para reemplazarlos por pensamientos más realistas, adaptativos y funcionales. Trabajar sobre el sistema de creencias y los pensamientos automáticos negativos es fundamental para poder afrontar las diversas situaciones sociales. Además, es necesario fortalecer su autoestima, para que recupere la confianza en sí mismo, y que reconozca sus recursos latentes.

El físico o fisiológico: aprender técnicas de respiración y de relajación muscular para poder manejar los síntomas fisiológicos de la ansiedad, es de vital importancia.

El conductual: gradualmente, la persona se va exponiendo a las situaciones sociales temidas, comenzando por la más fácil hasta llegar a la más ansiógena. Para ello se utiliza, previamente, la desensibilización sistemática a dichas situaciones: la persona se expone en forma imaginaria a la situación temida a través de la visualización de la misma, mientras mantiene un estado de relajación psicofísica, que es la respuesta contraria a la ansiedad. Cuando la persona está preparada y puede ir controlando su ansiedad, comienza a exponerse en vivo a dichas situaciones, pero siempre lo va haciendo en forma paulatina.

El social: aprender habilidades sociales le permite a la persona sentirse más segura de sí misma, y le proporciona herramientas conductuales de comunicación que le permiten contrarrestar la ansiedad social. Por ejemplo: aprender a iniciar y mantener conversaciones, a utilizar el lenguaje no verbal en forma eficaz (el lenguaje no verbal influye un 55% en la comunicación interpersonal, y transmite las emociones por excelencia), el aprender un estilo social asertivo (es decir, ni inhibido, ni agresivo, sino adecuado a la situación social determinada), saber utilizar el lenguaje verbal, aprender a escuchar activamente, etc., le permite a la persona tener estrategias de afrontamiento ante las diversas situaciones sociales. Una de las técnicas para incorporar nuevas conductas sociales es el modelado.

Tratamiento farmacológico: algunas personas necesitan combinar el tratamiento psicoterapéutico con un tratamiento farmacológico, en el cual el médico le suministrará ansiolíticos y, en algunos casos, antidepresivos, ya que la fobia social suele presentarse en comorbilidad con estados depresivos, debido a la imposibilidad de desarrollarse social, personal y profesionalmente. Por otra parte, lamentablemente, muchas personas suelen recurrir al alcohol para poder desinhibirse frente a las situaciones sociales, lo cual complica más el cuadro.

Tratamiento psicoterapéutico grupal: cuando se puede reunir un grupo homogéneo con personas que sufren el mismo padecimiento, es conveniente acudir al mismo, ya que ofrece diversas ventajas: ver que hay otras personas que sufren de lo mismo y comprobar que no se es el único que lo padece, mayor motivación al ver como otros pueden superar su problema, contacto con otros, contar con una contención de pares y no sólo una contención terapéutica, etc.

Conclusión: con un tratamiento adecuado, la ansiedad social puede ser controlada, y la persona podrá desarrollarse en los distintos ámbitos de su vida. Para ello, es  importante realizar una consulta profesional, y no dejar que avance más el cuadro clínico. 

LIC. VIVIANA BLAS. PSICÓLOGA UBA. 

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